Brantingsgatan 45

Las casas nórdicas tienen ese nosequé minimalista, de madera y ventanales que las hace únicas y con firma propia. De vez en cuando, te encuentras con joyas como esta en Estocolmo, que se salen de la norma y consiguen sacarte de la rutina del blanco. El contraste es evidente desde que abres la puerta del apartamento. Hay una mezcla de tonos muy oscuros (grises, azules, verdes y naranjas) que le dan vida propia e incluso las ganas de sentirte en una selva tropical. Saber combinar colores tan complicados es materia de máster como poco y mucha, mucha práctica.

Aunque sobria, a la vez resulta acogedora y con cierta atmósfera de película, y no nos engañemos, en realidad es compacta, no hacen falta muchos metros cuadrados para sentirse en un paraíso.

Se sitúa además en Gärdet, un barrio que sirvió durante la década de los ’30 como base para planificar los nuevos barrios de Estocolmo, con espacios verdes entre los edificios para dar esa sensación de rural.

Se alquila aquí.

 

 

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